Guiada por mi usual insomnio me dispuse a viajar por la bloggosfera, un click llevó a otro, un link al siguiente, y lo que comenzó como una búsqueda de relatos confortantes para la molestia que temprano el día me había regalado, terminó con un interesante descubrimiento, tropezándome con esto:
El proyecto básicamente consiste en dejar un libro en un sitio público para que alguien lo lea, este sujeto hará lo mismo, permitiendo compartir la historia contenida en esas páginas con otro individuo. Pero no me extenderé en esto, solo les diré que es una oportunidad para culturizar nuestro pequeño pedazo de tierra, mi tranquilo Punto Fijo, que admito, fue hecho para el bochinche y el ocio, típico de latitudes cálidas como la nuestra, la playa y la caña barata invitan a la rumba. Pero no por eso hemos de dejar a un lado la posibilidad de enamorarnos de un libro.
Les cuento mi experiencia personal con la lectura:
Mi primer libro, fue uno de poemas venezolanos, que mi abuelo, (que cabe destacar, no sabe leer), me mostraba, mientra yo, con 3 años, relacionaba imágenes con letras. Grabándose en mi memoria para siempre "El Cachicamo", un dibujo en un monocromático verde, de este animalito suerte de zarigüeya y caballero con armadura, subiendo por una rama desde la esquina inferior izquierda del libro.
Simultáneamente, los primeros recuerdos que guardo de mi padre es el de él leyendo "Avenida del Parque 79" de Robbins Harold, recostado en la cama, cuando le preguntaba: "¿Papi, qué dice allí?" y él me respondía con paciencia cualquier cosa que se le ocurriera.
A los 5 años, leía con bastante agilidad y poseía una capacidad interpretativa mayor a la de mis compañeritos de estudio, terminé las lecciones antes que todos, leyendo el libro "Mi Jardín" completamente antes de finalizar el año escolar.
A los 5 años, leía con bastante agilidad y poseía una capacidad interpretativa mayor a la de mis compañeritos de estudio, terminé las lecciones antes que todos, leyendo el libro "Mi Jardín" completamente antes de finalizar el año escolar.
Pero lo que me consolidó como amante de los libros fue este acontecimiento. Mi madre es profesora de niños de primaria, ella tuvo la oportunidad de unirse a un proyecto llamado "FUNDALECTURA", el mismo se encargaba de repartir entre las bibliotecas escolares cajas con cuentos infantiles, las maestras estimulaban a los niños a la lectura, permitiéndoles que se llevaran los mismos a sus casas, para luego reunirse con sus compañeros a compartir lo leído, una vez por semana. Incluso, mi papá llegó a trabajar con esta organización como bibliotecario/chófer en un "Bibliobus", una biblioteca móvil que paseaba por toda la Península de Paraguaná.
En los inicios de este programa, yo fui uno de los conejillos de indias que utilizó aquel grupo de maestros para comprobar su tesis de estimular la lectura a tempranas edades. Tenía escasamente 6 años, pero recuerdo con claridad aquellos talleres donde además de capacitar a los participantes del proyecto, yo devoraba los libros, uno tras otro. Jamás olvidaré los coloridos dibujos, y esas historias (escritas por venezolanos, por cierto) únicas, llenas no solo de aventuras, sino también de valores y conocimiento, "Rosaura la gallina en bicicleta", era una de mis favoritas, la dramaticé junto a aquel montón de treintaañeros optimistas de la educación. Hoy contándoles esto, siento un nudo en la garganta, viendo con nostalgia tiempos muy alegres que se han desvanecido, así como el valor por la lectura.
Es por esto que los invito a iniciar esta experiencia, sé que muchos de los que me conocen estarán de acuerdo, espero recibir respuestas positivas ante esta propuesta, pueden contactarme a través mi twitter, ojalá y que para el inicio del venidero 2011, cada vez que vaya a un centro comercial, alguien me haya dejado un libro.
"Lee y conducirás, no leas y serás conducido"
Santa Teresa de Jesús (1515-1582) Escritora mística española


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